
Había una vez, en reino de los cielos, una chiquilla que soñaba con bajar al mundo de los mortales. Soñaba que el sol acariciaba su cuerpo, y le daba color a sus mejillas. Soñaba que la lluvia la empapaba, y ella reía. Soñaba con dejar la perfección y adentrarse al mundo del llanto, la ira, la traición, el sufrimiento...Y lo quisó así porque nunca entendió la risa, la alegría, la bondad, el bienestar...nunca pudo ser capaz de tener placer con esas cosas. Llegó a comprender que lo opuesto a todas las cosas buenas que existen eran las que daban sentido a las mismas. Así que desobedeciendo toda ley escapó como pudo y bajó aquí, donde nosotros nos encontramos ahora, y cuentan que pudo sentir el calor del sol en sus mejillas, que entendió por fin el amor, la risa y el llanto, y cuentan también que cuando llovió...sintió cada una de las caricias de las gotas en su cara y en su piel, extendió los brazos y rió, rió sin parar...
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